*Volver a leer - Mempo Giardinelli
*Los días de la sombra - Liliana Bodoc (por fin lo he acabado)
*Historias extraordinarias - Roald Dahl (relectura)
*Los sueños del sapo - Javier Villafañe
*Puerca tierra - John Berger (también relegado y del club de los porfines)
(ahora queda... Los días del fuego (de la Bodoc), Una vez en Europa, Lila y Flag (últimos de la trilogía de Berger)
Por cierto... apuntes de esta semana
*Le han salido tres flores al jazmín y aunque la higuera se secó, nació en su lugar una palam palam.
*Ha llegado el Monster de méxico (a ver si me canta algo para mi cercano cumpleaños)
*El jueves salió el arco iris (que chifle el que se dio cuenta!!)
*Son cinco años de matrimoniada!!
viernes, noviembre 24, 2006
domingo, noviembre 19, 2006
Traspasos 2/ Lunes encapotado
Hoy, desde el ventanal enorme - y siempre cerrado - de mi oficina, pude ver cómo el cielo se encapotaba. Primero, bien temprano, apenas se encienden los ordenadores y te duelen los ojos del llanto del domigo, el cielo enrojecía las primeras nubes.Fue un espectáculo estrafalario y delicioso hasta que mi jefa bajó de un tirón los papeles que hacen las veces de cortinas. No vaya a ser que se distraigan y dejen de introducir albaranes y facturas con la eficacia de un pez. Más tarde y aprovechando un descuido de mi compañera, icé nuevamente la papeleta pero el sol del mediodía resecaba sus pieles - sólo acostumbradas a la resolana que se deja ver entre los toldos de las tiendas cuando se van de compras - y censuraron mis ganas. Fue sólo después, cuando las dos de la tarde acobardan los dedos cansados de tanto absurdo traqueteo que ellas - ya sin el sentido claro - no advirtieron otra vez mi último intento. Fue un movimiento rápido y eficaz. Allí estaba mi cielo. Entonces todas quedaron en silencio: el espectáculo era nuevamente delicioso, las nubes compactas y metálicas amenzaban lluvia y aunque fuera porque se habían olvidado el paraguas o porque se les mojarían los tacos de cuero puro comprados en rebajas en Passeig de Gràcia, aunque fuera porque aquella misma tarde irían a la peluquería o porque habían tendido la ropa o porque no podrían salir a su fuquin futin (sic.) habitual para bajar esos gramos que asoman debajo del ombligo, lo cierto fue que dejaron la cortina abierta y yo y mi felicidad disfrutamos en grande de nuestro cielo encapotado.
domingo, noviembre 12, 2006
Traspasos 1 (de antiguos sitios a nuevos)
"Ventajas del exilio para el escritor", dice Andrés Neuman: "Una parte de su memoria queda acotada con tanta precisión que le es posible narrarla como si fuera póstuma"Yo voy a decir que como si fuera de otro como si otro narrara por uno las sensaciones que no puede dejar de sentir y uno sabe, además, que no sería así como las narraría.Pasear por las calles de mi barrio no tiene nada de mítico ni de melancólico. Los colores han cambiado y los grises entre protestas por la cola para el tren, por una viejita no puede contar su dinero o porque hablá más fuerte que no te escucho. Las palabras se resbalan de las comisuras de los labios cortados artificialmente por sus lados para simular una sonrisa que nunca tendrán. Y el voseo, que allá, del otro lado era un signo de pertenencia, un territorio lingüístico - el único - traído como patrimonio esencial de lo que era, acá se desperdicia y ensucia las calles como el caño roto de la PLaza Roca que nadie se pone arreglar.Pero está la gente. Esa manera blanda de aparecerte en la esquina y ese miedo clavado en la punta de los ojos acompañado por una arraigada desconfianza en el hermano. La gente y sus carteles domésticos de "se enseña inglés", "arreglo televisores", "se hacen tortas por encargo" devuelven la calidez de la Argentina casera, hecha en casa con lo que me sobró de anoche. Por eso, al acostarme, cansada aunque no haya hecho mucha cosa, me duelen los ojos de absorber mirada y me duele la mirada de reimpresionar las imágenes que había dejado atrás en mis retinas agotadas.
sábado, noviembre 04, 2006
sábado, octubre 14, 2006
Personaje/4
Este un tipo normal y corriente. Se levanta a las seis, se prepara un café (se lo recalienta, más bien), pone comida y leche al gato mientras escucha el pronóstico, el estado de las marchas, la ruta de los piqueteros, los accidentes del día. Puede ir en coche o en colectivo, le da igual. Va en colectivo particularmente los días que le ha quedado alguna lectura pendiente. Si la noche se ha extendido hasta el último capítulo, no necesita el transporte público.
¿El trabajo? Todo bien, todo tranquilo. No hay noticias de aumento, la rutina no lo agobia, el ser automático no lo acompleja ni lo atormenta. Va haciendo y ya le está bien. Un café a las once, para cortar, otro a las tres para cortar. No se le hace largo el día, las seis y media llegan pronto y el tipo vuelve a su casa. Acaricia al gato, riega las plantas, cocina alguna cosa y mira el informativo. Después se lava los dientes, se pone el pijama, busca un libro. Cuando se acuesta llora un poquito pero enseguida se le pasa.
¿El trabajo? Todo bien, todo tranquilo. No hay noticias de aumento, la rutina no lo agobia, el ser automático no lo acompleja ni lo atormenta. Va haciendo y ya le está bien. Un café a las once, para cortar, otro a las tres para cortar. No se le hace largo el día, las seis y media llegan pronto y el tipo vuelve a su casa. Acaricia al gato, riega las plantas, cocina alguna cosa y mira el informativo. Después se lava los dientes, se pone el pijama, busca un libro. Cuando se acuesta llora un poquito pero enseguida se le pasa.
sábado, octubre 07, 2006
Lecturas de Septiembre
"Las cenizas de Ángela", Frank McCourt
"Banco de pruebas", Mario Muchnik
"Garfios", Marcelo Birmajer
"La silla de la izquierda", Sandra Siemens
Últimas adquisiciones reportadas (en cola)
"Peter Pan" (en una edición viejísima y preciosa)
"Puerca Tierra", John Berger**Gracias, Silvia**
"Wilt", Tom Sharpe
"Una historia del mundo en diez capítulos y medio", Julián Barnes
"Banco de pruebas", Mario Muchnik
"Garfios", Marcelo Birmajer
"La silla de la izquierda", Sandra Siemens
Últimas adquisiciones reportadas (en cola)
"Peter Pan" (en una edición viejísima y preciosa)
"Puerca Tierra", John Berger**Gracias, Silvia**
"Wilt", Tom Sharpe
"Una historia del mundo en diez capítulos y medio", Julián Barnes
domingo, octubre 01, 2006
Han terminado de convencerme (Título de la última conferencia de Los Refutadores de Leyendas. Sede San Martín)
"Papá Noel según la física
¿Existe Papá Noel? Bien, pues aquí tenéis una explicación que creo que convencerá a los pequeños. Teniendo en cuenta que los niños de ahora no se conforman con cualquier cosa, por fin se puede dar una respuesta científica, o bien mentir como siempre, pero sabiéndo qué es lo que ocultamos. He aquí el resultado del reciente estudio científico:
Física tradicional
1. Ninguna especie conocida de reno puede volar. No obstante, existen 300.000 especies de organismos vivos pendientes de clasificación y, si bien la mayoría de ellas son insectos y gérmenes, no es posible descartar completamente la posible existencia entre ellas del reno volador que sólo Papá Noel conoce.
2. Hay unos 2.000 millones de niños (considerando únicamente a las personas con menos de 18 años) en el mundo. Pero dado que Papá Noel no parece que se ocupe de los niños musulmanes, hindúes, judíos y budistas, la cifra se reduce a un 15% del total (unos 378 millones, según las estadísticas mundiales de población). Según estas estadísticas, se puede calcular una media de 3,5 niños por hogar, por lo que estamos hablando de unos 91,8 millones de hogares (suponiendo que en cada uno de ellos, haya al menos un niño que se haya portado bien).
3. Papá Noel dispone de 31 horas en Nochebuena para realizar su trabajo, gracias a los diferentes husos horarios y a la rotación de la Tierra (se supone que viaja de este a oeste, lo cual parece lógico). Esto supone 822,6 visitas por segundo. En otras palabras, en cada hogar de tendencia cristiana, o de tradición sin tendencia, con niño bueno, Papá Noel tiene 1 milésima de segundo para aparcar, salir del trineo, bajar por la chimenea, llenar los calcetines, repartir los demás regalos bajo el árbol, comerse lo que le hayan dejado, trepar otra vez por la chimenea, subir al trineo y marchar hacia la siguiente casa. Suponiendo que cada una de estas 91,8 millones de paradas esté distribuida uniformemente sobre la superficie de la Tierra (lo cual es falso, pero puede valer como aproximación para los cálculos), hay 1,2 km entre casa y casa. Esto da un recorrido total de 110 millones de km, sin contar lo necesario para las paradas y hacer lo que cada uno de nosotros haría al menos una vez en 31 horas. Se deduce de ello que el trineo de Papá Noel se mueve a unos 1.000 km/s, 3.000 veces la velocidad del sonido. Como comparación, el vehículo fabricado por el hombre que mayor velocidad alcanza, la sonda espacial Ulises, se mueve a unos míseros 43 km/s. Un reno convencional puede correr a una velocidad punta de unos 24 km/h.4. La carga del trineo añade otro elemento interesante al estudio. Suponiendo que a cada niño sólo se lleve un REGALO de tamaño mediano (0,9 kg), el trineo transporta unas 321.300 toneladas, sin contar a Papá Noel, a quien siempre se le describe como bastante rellenito. En la tierra, un reno convencional no es capaz de transportar más allá de 150 kg.5. 5.353.000 toneladas viajando a 1.000 km/s crean una resistencia aerodinámica enorme, que provocará un calentamiento de los renos similar al que sufre una nave espacial en su reentrada a la atmósfera terrestre. La pareja de renos que vaya a la cabeza absorberá 1 trillón de julios de energía por segundo, cada uno. En pocas palabras, se incendiarán y consumirán casi al instante, quedando expuesta la pareja de renos posterior. También se originarán unas ondas sonoras ensordecedoras en este proceso. EI tiro de renos al completo se vaporizará en 4,26 milésimas de segundo. Papá Noel, mientras tanto, sufrirá unas fuerzas centrífugas 17.500,06 veces superiores a las de la gravedad. Papá Noel pesará 120 kg (lo cual es incluso demasiado delgado), sería aplastado contra la parte posterior del trineo con una fuerza de más de 2 millones de kg.Por consiguiente, si Papá Noel existió alguna vez y llevó los regalos a los niños en Navidad, ahora está muerto.
FÍSICA CUÁNTICA
Si respondemos lo anterior a un niño cuando nos pregunte por la existencia de Papá Noel (o bien lo deduce por sí mismo), el niño puede llevarse una desilusión tremenda. Por suerte, hay una contraexplicación que puede sernos útil en este caso: el análisis anterior, basado en leyes de la Física clásica, presenta un fallo importante, puesto que no considera los fenómenos cuánticos, que son bastante significativos en este caso particular. Como se ha indicado, se conoce con extrema precisión la velocidad terminal del reno a través del aire seco de diciembre sobre el hemisferio norte (por ejemplo). Así mismo, se conoce con tremenda precisión la masa de Papá Noel y su trineo (puesto que se conoce el número de niños, regalos y renos justo antes del vuelo). En cuanto a la dirección y sentido del vuelo, ésta es esencialmente de este a oeste. Todo lo anterior significa que se puede determinar con excelente precisión del vector del momento cinético de Papá Noel y su cargamento. Basta con aplicar el principio de incertidumbre de Heisenberg para saber que la posición de Papá Noel, en cualquier momento de Nochebuena, es extremadamente imprecisa. En otras palabras, está «difuminado» sobre la superficie de la Tierra, de forma análoga a una cierta distancia del núcleo del átomo. Por tanto, literalmente puede encontrarse en todas partes en un momento dado.Por último, las velocidades relativistas a las que los renos pueden llegar durante breves lapsos de tiempo hacen posible que, en ciertos casos, llegar a algunos lugares un poco antes de salir del Polo Norte. Papá Noel, en otras palabras, asume durante breves períodos de tiempo las características de tachión. Estamos de acuerdo en que la existencia de los tachiones aún no está probada y es hipotética, pero lo mismo ocurre con los agujeros negros, y ya nadie duda de su existencia. Por consiguiente, es perfectamente posible que Papá Noel exista y reparta todos los regalos en Nochebuena.Así que por si acaso, hay que portarse bien." (Fuente: A mí me gusta la ciencia en http://www.fortunecity.com/campus/dawson/196/sclaus.htm )
Hasta aquí la conferencia que dio el representante de Los Refutadores de Leyendas de la Sede San Martín. Sin darse cuenta (y ninguno de nosotros se lo dijo), en lugar de refutar la existencia de Papá Noel, la afirma, lo cual nos deja a todos un poco más tranquilos. Hay que tener en cuenta sin embargo (y esto dio lugar a la discusión posterior) que nadie sabe muy bien qué considera bueno o malo nuestro querido Papá Noel. Nadie conoce los parámetros éticos con los que se maneja el viejo por lo tanto, tomen la última frase con muchas comillas y si es posible ríanse de ella. ¡Bastante ya nos han amenazado!
Actas del último Congreso barrial "¿Existe Papá Noel?", convocado por mí (si siguen preguntándose si existe la literatura infantil, ¿por qué no puedo preguntarme si existe Papá Noel?)
¿Existe Papá Noel? Bien, pues aquí tenéis una explicación que creo que convencerá a los pequeños. Teniendo en cuenta que los niños de ahora no se conforman con cualquier cosa, por fin se puede dar una respuesta científica, o bien mentir como siempre, pero sabiéndo qué es lo que ocultamos. He aquí el resultado del reciente estudio científico:
Física tradicional
1. Ninguna especie conocida de reno puede volar. No obstante, existen 300.000 especies de organismos vivos pendientes de clasificación y, si bien la mayoría de ellas son insectos y gérmenes, no es posible descartar completamente la posible existencia entre ellas del reno volador que sólo Papá Noel conoce.
2. Hay unos 2.000 millones de niños (considerando únicamente a las personas con menos de 18 años) en el mundo. Pero dado que Papá Noel no parece que se ocupe de los niños musulmanes, hindúes, judíos y budistas, la cifra se reduce a un 15% del total (unos 378 millones, según las estadísticas mundiales de población). Según estas estadísticas, se puede calcular una media de 3,5 niños por hogar, por lo que estamos hablando de unos 91,8 millones de hogares (suponiendo que en cada uno de ellos, haya al menos un niño que se haya portado bien).
3. Papá Noel dispone de 31 horas en Nochebuena para realizar su trabajo, gracias a los diferentes husos horarios y a la rotación de la Tierra (se supone que viaja de este a oeste, lo cual parece lógico). Esto supone 822,6 visitas por segundo. En otras palabras, en cada hogar de tendencia cristiana, o de tradición sin tendencia, con niño bueno, Papá Noel tiene 1 milésima de segundo para aparcar, salir del trineo, bajar por la chimenea, llenar los calcetines, repartir los demás regalos bajo el árbol, comerse lo que le hayan dejado, trepar otra vez por la chimenea, subir al trineo y marchar hacia la siguiente casa. Suponiendo que cada una de estas 91,8 millones de paradas esté distribuida uniformemente sobre la superficie de la Tierra (lo cual es falso, pero puede valer como aproximación para los cálculos), hay 1,2 km entre casa y casa. Esto da un recorrido total de 110 millones de km, sin contar lo necesario para las paradas y hacer lo que cada uno de nosotros haría al menos una vez en 31 horas. Se deduce de ello que el trineo de Papá Noel se mueve a unos 1.000 km/s, 3.000 veces la velocidad del sonido. Como comparación, el vehículo fabricado por el hombre que mayor velocidad alcanza, la sonda espacial Ulises, se mueve a unos míseros 43 km/s. Un reno convencional puede correr a una velocidad punta de unos 24 km/h.4. La carga del trineo añade otro elemento interesante al estudio. Suponiendo que a cada niño sólo se lleve un REGALO de tamaño mediano (0,9 kg), el trineo transporta unas 321.300 toneladas, sin contar a Papá Noel, a quien siempre se le describe como bastante rellenito. En la tierra, un reno convencional no es capaz de transportar más allá de 150 kg.5. 5.353.000 toneladas viajando a 1.000 km/s crean una resistencia aerodinámica enorme, que provocará un calentamiento de los renos similar al que sufre una nave espacial en su reentrada a la atmósfera terrestre. La pareja de renos que vaya a la cabeza absorberá 1 trillón de julios de energía por segundo, cada uno. En pocas palabras, se incendiarán y consumirán casi al instante, quedando expuesta la pareja de renos posterior. También se originarán unas ondas sonoras ensordecedoras en este proceso. EI tiro de renos al completo se vaporizará en 4,26 milésimas de segundo. Papá Noel, mientras tanto, sufrirá unas fuerzas centrífugas 17.500,06 veces superiores a las de la gravedad. Papá Noel pesará 120 kg (lo cual es incluso demasiado delgado), sería aplastado contra la parte posterior del trineo con una fuerza de más de 2 millones de kg.Por consiguiente, si Papá Noel existió alguna vez y llevó los regalos a los niños en Navidad, ahora está muerto.
FÍSICA CUÁNTICA
Si respondemos lo anterior a un niño cuando nos pregunte por la existencia de Papá Noel (o bien lo deduce por sí mismo), el niño puede llevarse una desilusión tremenda. Por suerte, hay una contraexplicación que puede sernos útil en este caso: el análisis anterior, basado en leyes de la Física clásica, presenta un fallo importante, puesto que no considera los fenómenos cuánticos, que son bastante significativos en este caso particular. Como se ha indicado, se conoce con extrema precisión la velocidad terminal del reno a través del aire seco de diciembre sobre el hemisferio norte (por ejemplo). Así mismo, se conoce con tremenda precisión la masa de Papá Noel y su trineo (puesto que se conoce el número de niños, regalos y renos justo antes del vuelo). En cuanto a la dirección y sentido del vuelo, ésta es esencialmente de este a oeste. Todo lo anterior significa que se puede determinar con excelente precisión del vector del momento cinético de Papá Noel y su cargamento. Basta con aplicar el principio de incertidumbre de Heisenberg para saber que la posición de Papá Noel, en cualquier momento de Nochebuena, es extremadamente imprecisa. En otras palabras, está «difuminado» sobre la superficie de la Tierra, de forma análoga a una cierta distancia del núcleo del átomo. Por tanto, literalmente puede encontrarse en todas partes en un momento dado.Por último, las velocidades relativistas a las que los renos pueden llegar durante breves lapsos de tiempo hacen posible que, en ciertos casos, llegar a algunos lugares un poco antes de salir del Polo Norte. Papá Noel, en otras palabras, asume durante breves períodos de tiempo las características de tachión. Estamos de acuerdo en que la existencia de los tachiones aún no está probada y es hipotética, pero lo mismo ocurre con los agujeros negros, y ya nadie duda de su existencia. Por consiguiente, es perfectamente posible que Papá Noel exista y reparta todos los regalos en Nochebuena.Así que por si acaso, hay que portarse bien." (Fuente: A mí me gusta la ciencia en http://www.fortunecity.com/campus/dawson/196/sclaus.htm )
Hasta aquí la conferencia que dio el representante de Los Refutadores de Leyendas de la Sede San Martín. Sin darse cuenta (y ninguno de nosotros se lo dijo), en lugar de refutar la existencia de Papá Noel, la afirma, lo cual nos deja a todos un poco más tranquilos. Hay que tener en cuenta sin embargo (y esto dio lugar a la discusión posterior) que nadie sabe muy bien qué considera bueno o malo nuestro querido Papá Noel. Nadie conoce los parámetros éticos con los que se maneja el viejo por lo tanto, tomen la última frase con muchas comillas y si es posible ríanse de ella. ¡Bastante ya nos han amenazado!
Actas del último Congreso barrial "¿Existe Papá Noel?", convocado por mí (si siguen preguntándose si existe la literatura infantil, ¿por qué no puedo preguntarme si existe Papá Noel?)
martes, septiembre 26, 2006
Personajes/3
Mi tío es la persona más atenta que conozco y el único además que se acuerda de mi cumpleaños y de los cumpleaños de todas las personas de la cuadra. Sabe, por ejemplo, que la chiquita cumple en octubre porque sale a vender recetarios de 1 peso por el día la madre y siempre le trae alguno que la chiquita archiva porque de cocinar no tiene ni idea. Cuando llegan las lapiceras, él pasa por la casa del pelado porque se acuerda perfectamente de que cumple años dos sábados después del día del padre y entonces se guarda una lapicera y se la regala. A veces la lapicera es la misma del año pasado, pero mi tío no se da cuenta; el pelado sí, pero no dice nada y lo abraza. Sin embargo conmigo es diferente porque cada año me trae las últimas flores que le quedan sin vender a los entusiastas de la primavera. Sabe que cuando va al depósito y en lugar de muñequitos que bailan o diez chocolates por 2 pesos o linternas que funcionan sin pila ni batería, hay flores, entonces se acerca mi cumpleaños porque nací dos días después de la primavera. Mi tío me trae las flores que no vendió y a veces están medio marchitas y no duran ni un día en el florero, pero nunca se repiten las mismas flores, siempre distintas, cada año otra variedad. Eso es lo que más me gusta de mi tío. Después que vaya al bar y se gaste en vino lo que ganó el día de la primavera es otra historia.
miércoles, septiembre 20, 2006
domingo, septiembre 17, 2006
El segundo dibujito
Los colores quedaron un poco fuertes y ahora que lo veo me pregunto a quién le muestra ese caramelo culpable el niñito?? ¿Acaso van camino del dentista? Vaya uno a saber, a mí se me escapan sus razones. Espero sugerencias... ya van entonces mis personajes haciendo lo que se les antoja.
sábado, septiembre 09, 2006
miércoles, septiembre 06, 2006
Personajes/2
La otra tarde, una de tantas que pasan sin ritmo, vino a mi oficinia un señor muy flaco y dijo llamarse Iriano, el desperezador y me contó su historia:
Iriano el desperezador se llamaba de chico Juan Pérez. Iba a la escuela a la vuelta de su casa y nunca había salido de la ciudad. Sin embargo, y a pesar de que Iriano... Juan Pérez, vivía en un pueblo muy pequeño, padecía como tantos el problema de la identidad. La cosa es que cuando la maestra tomaba lista y gritaba ¡...Juan Pérez! Cinco chicos todos distintos levantaban la mano ¡Presente! Y cuando llamaban a dar lección, los cinco temblaban porque no sabían a quién se refería, cuando el director llamaba a dirección, nadie sabía si era él o al otro o al otro o a cualquiera de los cinco Juan Pérez que había en el grado. Como verán, el problema de identidad de Juan Pérez era terrible. Por eso un día fue a su padre (Juan Pérez padre, para colmo) y le dijo. "Desde hoy me llamo Iriano Chipirotte" Juan Pérez padre se echó a reír y siguió leyendo el diario; pero al día siguiente Juan Pérez... perdón Iriano Chipirotte fue a la maestra y le comunicó su nueva identidad. Desde entonces cuando llamaban al frente a Iriano Chipirotte, el ex-Juan Pérez de nuestra historia sabía que le hablaban a él y sólo a él y nada más que a él.
Un día, en el recreo se le acercó casi en secreto una niña y le dijo, "me llamo Andrea Fernández y en mi grado hay como tres ¡nunca sé si es a mí a quien llaman o a las otras". Iriano Chipirotte entendió muy bien la tristeza de Andrea y le dijo, "muy bien, desde ahora te llamarás Felindarea" A Andrea, perdón, a Felinda le encantó su nuevo nombre y se fue a divulgar la noticia por ahí. Desde ese día, todos los Juan Pérez, los Pedro González, los Martín Fernández, acudieron en masa a Iriano para que les cambiara el nombre.
Uno de los Juan Pérez de su grado que ahora se llamaba Miriato Llorente lo abrazó y le dijo : ¡Gracias por sacarme mi Pérez, eres el mejor... desperezador del mundo!!
Y así es como Iriano pasó a llamarse Iriano, el desperezador.
Anoté todo en mi libreta y lo despedí con un apretón de manos. Iriano, el desperezador salió de mi oficina estirando los brazos y desperezándose de la modorra, aunque todos aquí sabemos que Iriano ya se había desperezado hacía mucho tiempo.
Iriano el desperezador se llamaba de chico Juan Pérez. Iba a la escuela a la vuelta de su casa y nunca había salido de la ciudad. Sin embargo, y a pesar de que Iriano... Juan Pérez, vivía en un pueblo muy pequeño, padecía como tantos el problema de la identidad. La cosa es que cuando la maestra tomaba lista y gritaba ¡...Juan Pérez! Cinco chicos todos distintos levantaban la mano ¡Presente! Y cuando llamaban a dar lección, los cinco temblaban porque no sabían a quién se refería, cuando el director llamaba a dirección, nadie sabía si era él o al otro o al otro o a cualquiera de los cinco Juan Pérez que había en el grado. Como verán, el problema de identidad de Juan Pérez era terrible. Por eso un día fue a su padre (Juan Pérez padre, para colmo) y le dijo. "Desde hoy me llamo Iriano Chipirotte" Juan Pérez padre se echó a reír y siguió leyendo el diario; pero al día siguiente Juan Pérez... perdón Iriano Chipirotte fue a la maestra y le comunicó su nueva identidad. Desde entonces cuando llamaban al frente a Iriano Chipirotte, el ex-Juan Pérez de nuestra historia sabía que le hablaban a él y sólo a él y nada más que a él.
Un día, en el recreo se le acercó casi en secreto una niña y le dijo, "me llamo Andrea Fernández y en mi grado hay como tres ¡nunca sé si es a mí a quien llaman o a las otras". Iriano Chipirotte entendió muy bien la tristeza de Andrea y le dijo, "muy bien, desde ahora te llamarás Felindarea" A Andrea, perdón, a Felinda le encantó su nuevo nombre y se fue a divulgar la noticia por ahí. Desde ese día, todos los Juan Pérez, los Pedro González, los Martín Fernández, acudieron en masa a Iriano para que les cambiara el nombre.
Uno de los Juan Pérez de su grado que ahora se llamaba Miriato Llorente lo abrazó y le dijo : ¡Gracias por sacarme mi Pérez, eres el mejor... desperezador del mundo!!
Y así es como Iriano pasó a llamarse Iriano, el desperezador.
Anoté todo en mi libreta y lo despedí con un apretón de manos. Iriano, el desperezador salió de mi oficina estirando los brazos y desperezándose de la modorra, aunque todos aquí sabemos que Iriano ya se había desperezado hacía mucho tiempo.
sábado, septiembre 02, 2006
Lecturas de Agosto

Yo no aclaré nada pero la idea de Nat me pareció buenísima y empecé yo también a compartir mis lecturas y mis nuevas adquisiciones (Gracias, Nat!)
Historias a Fernández, Ema Wolf
La escondida, Luis Salinas
La sombra sobre el banco de piedra, María Gripe
Mientras escribo, Stephen King
El pulpo está crudo, Pescetti
Nadie te creería, Pescetti
Los imposibles, Ema Wolf
El libro de los prodigios, Ema Wolf
La piedra de la paciencia, Canela
Todo el dinero del mundo, Istvansch
Los días de la sombra, Liliana Bodoc (a por el tercero!)
viernes, septiembre 01, 2006
Personajes/1
Ella tiene el gesto torcido aunque no se le nota hasta que se ríe, y eso sucede muy pocas veces. El cabello con ecos de antiguas permanentes y tinturas, con la marca también del último viento que se metió entre sus mediorulos. Casi siempre tiene una canasta algo deshecha que compró en el Tigre hace unos cuantos años, lo supongo porque ya las vendían antes de que me fuera a Barcelona. Sube al colectivo con el gesto torcido concentrado en el miedo y las miradas. La espalda le pesa y le pesan los pies rancios olvidados de caminos audaces, por eso se sienta atrás justo al lado del timbre. Apacigua la furia con sus manos: tiene marcas en las palmas que no se abren muy seguido y los nudillos blancos y puntiagudos apuntándose a sí misma.
jueves, agosto 31, 2006
Los 31 de Felinda
Hay días en los que Felinda anda medio rara, como perdida en sus propios pelos florecidos. Son especialmente los 31. Le agarra un no sé qué de paranoia de fin de la historia, todo le queda chico y el mate se le enfría o lo que es peor, se le acabó la Rosamonte. Además de la paranoia está el tema de la ansiedad, porque con eso de que se acaba el mundo los días 31 anda nerviosa hasta el atardecer, porque a ver si todavía es verdad y ese colectivo es el último que toma y ese mate que no tomó la última oportunidad; esos días se concentra en el recuerdo del sabor a mate y va así, con los ojos cerrados todo el camino.
Los 31 Felinda está callada también, demasiado ya le hablan sus neuronas florecidas (yo creo que el tema del cabello florecido le viene de ahí, de las neuronas digo) como para que se atreva a traducir lo que le comentan. Hace un tiempo, no mucho, todavía era 28, se le ocurrió que estaba llegando findemés (así, todo junto) y las neuronas dale que te dale a llenarle la cabeza con ideas más bien ochentonas, así que fue y se compró la ropa más extravagante que encontró en el desaparecido mercado de las pulgas y salió a la calle así, dispuesta a ignorar el qué dirán... ¡total, faltaban tres días para que se acabara el mundo! Pero resulta que el mundo no se acabó y al día siguiente fue primero y dos y tres. Felinda, confundida colgó los vestidos viejos en el ropero. Sospechamos de todas maneras que el próximo 28 la verán salir rumbo al trabajo con un sombrero de ala ancha que huele a rancio, unos zapatones verdes algo desvencijados y la cartera que perteneció a la tía abuela de la madre de un vecino; saldrá dispuesta a enfrentarse con el qué dirán... ¡total, el 31 se acaba el mundo!
Alguien tendría que decirle a esta tal Felinda que el mundo se acaba todos los días y que no le hacen falta teorías apocalípticas para ponerse la ropa que más le gusta.
Los 31 Felinda está callada también, demasiado ya le hablan sus neuronas florecidas (yo creo que el tema del cabello florecido le viene de ahí, de las neuronas digo) como para que se atreva a traducir lo que le comentan. Hace un tiempo, no mucho, todavía era 28, se le ocurrió que estaba llegando findemés (así, todo junto) y las neuronas dale que te dale a llenarle la cabeza con ideas más bien ochentonas, así que fue y se compró la ropa más extravagante que encontró en el desaparecido mercado de las pulgas y salió a la calle así, dispuesta a ignorar el qué dirán... ¡total, faltaban tres días para que se acabara el mundo! Pero resulta que el mundo no se acabó y al día siguiente fue primero y dos y tres. Felinda, confundida colgó los vestidos viejos en el ropero. Sospechamos de todas maneras que el próximo 28 la verán salir rumbo al trabajo con un sombrero de ala ancha que huele a rancio, unos zapatones verdes algo desvencijados y la cartera que perteneció a la tía abuela de la madre de un vecino; saldrá dispuesta a enfrentarse con el qué dirán... ¡total, el 31 se acaba el mundo!
Alguien tendría que decirle a esta tal Felinda que el mundo se acaba todos los días y que no le hacen falta teorías apocalípticas para ponerse la ropa que más le gusta.
viernes, agosto 25, 2006
El pañuelo azul
La otra tarde acompañé a mi abuela que se iba; se puso su pañuelo azul en la cabeza, se calzó mejor las gafas, se enroscó la bufanda de punto arroz y se enroscó también al brazo que yo le ofrecía.
"La parada queda dos cuadras más allá", le dije.
Asintió con un movimiento delgado de cabeza y sonrió. Su sonrisa no era nada delgada.
En el camino me crucé con Leo que volvía de la facultad y charlé con él un ratito, el tiempo suficiente para que mi abuela se cansara de esperar y echara a andar ella solita calle arriba.
"Tu abuela se va", me dijo Leo mirando la espalda a la sombra del atardecer.
"¡Esperá, abuela, esperá que ya voy"
"No podés ir", me dijo Leo otra vez sin dejar de mi mirarla "tu abuela se va"
Y era cierto, el tiempo en la vejez pasa rapidísimo y con cada paso que mi abuela daba, una arruga nueva aparecía en sus pantorrillas, un temblor distinto en sus manos, un color más claro en su cabello debajo del pañuelo azul.
El viento del atardecer sopló como siempre y el pañuelo azul de mi abuela voló por los aires hasta mis pies.
"Ya está llegando", me dijo Leo levantando el pañuelo.
Mi abuela se giró para saludarme pero estaba muy débil y apenas pudo levantar su brazo que seguía temblando. Me miró con ojos vacíos y arrugas infinitas pero sonrió, lo juro, con la sonrisa más gorda y más radiante que le haya descubierto nunca.
La única lágrima que derramé fue a parar al pañuelo azul de mi abuela que todavía guardo en el bolsillo.
"La parada queda dos cuadras más allá", le dije.
Asintió con un movimiento delgado de cabeza y sonrió. Su sonrisa no era nada delgada.
En el camino me crucé con Leo que volvía de la facultad y charlé con él un ratito, el tiempo suficiente para que mi abuela se cansara de esperar y echara a andar ella solita calle arriba.
"Tu abuela se va", me dijo Leo mirando la espalda a la sombra del atardecer.
"¡Esperá, abuela, esperá que ya voy"
"No podés ir", me dijo Leo otra vez sin dejar de mi mirarla "tu abuela se va"
Y era cierto, el tiempo en la vejez pasa rapidísimo y con cada paso que mi abuela daba, una arruga nueva aparecía en sus pantorrillas, un temblor distinto en sus manos, un color más claro en su cabello debajo del pañuelo azul.
El viento del atardecer sopló como siempre y el pañuelo azul de mi abuela voló por los aires hasta mis pies.
"Ya está llegando", me dijo Leo levantando el pañuelo.
Mi abuela se giró para saludarme pero estaba muy débil y apenas pudo levantar su brazo que seguía temblando. Me miró con ojos vacíos y arrugas infinitas pero sonrió, lo juro, con la sonrisa más gorda y más radiante que le haya descubierto nunca.
La única lágrima que derramé fue a parar al pañuelo azul de mi abuela que todavía guardo en el bolsillo.
martes, agosto 22, 2006
sábado, agosto 19, 2006
Un gato que juega con la nada

Había pensado que donde no hay nada, no hay nada, sin embargo además del cuidado análisis gramatical de esa frase ha sido mi gato ronco que le me ha persuadido de seguir consideranod nada a la nada. Porque donde yo veo nada, mi gato ve luz y sombras y también humo de un cigarrillo que se consume. Donde yo veo nada, mi gato araña los olores, mastica los ruidos y se estira muy orondo sobre los ecos que nadie escucha pero que siguen rebotando entre las paredes de la habitación. Donde yo juzgo nada mi gato pone la patita para atrapar las sensaciones, las huellas de los que ya pasaron, un pelo de otro gato que vino a bordo de la gabardina de un amigo.
Finalmente, donde yo escribo nada mi gato tacha de un zarpazo y pone "todo", incluso cuando terminé de releer La hija del espantapájaros, mi gato se recostó sobre el libro cerrado y ronroneó porque del otro lado, Loella malos pelos le hacía cosquillas entre las orejas.
viernes, agosto 11, 2006
Libros en Julio

La saga de los confines (Liliana Bodoc)
El cuento de navidad de Auggie Wren (Auster-Isol)
La piedra de la paciencia (Canela)
Había una vez un tirano (Ana María Machado)
Todo el dinero del mundo (Itsvansch)
El polizón de Ulises (Ana María Matute)
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