viernes, abril 13, 2007

Crónicas de un tiempo roto


Rápidamente se modifican los horizontes que fueron un día, repentinos, el único lugar donde hospedarse. A veces, ese único horizonte era un gin tonic a una hora donde sólo se escuchaba el sonido de la humedad y aunque olía todavía a cigarrillo viejo, lo habíamos transformado en un buen lugar donde quedarse. El después de hora era eso. Un espacio de silencio para escucharse respirar.
De esta historia, que otros creerán vana y prescindible, otros olvidable y que ni yo misma sé cómo empezó, me detengo en este lugar donde quizás no haya nada que contar, pero donde sé que reside el horizonte en el que quiero permanecer esta noche.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

AY!!!!!
un Bombay a altas horas y unos corazones que airear!!! que tiempos!!! Lástima que el aire de ese lugar nos rematara el alma.

PETONS!!!!

Anónimo dijo...

ELO! que historia con histeria, la memoria de la materia que acorrala mi impetu. Tristes azulejos infantiles rematan la peliaguda miseria del vano existir. El Ramadan se acerca.
Saludote!

Anónimo dijo...

ELO! que historia con histeria, la memoria de la materia que acorrala mi impetu. Tristes azulejos infantiles rematan la peliaguda miseria del vano existir. El Ramadan se acerca.
Saludote!

Su dijo...

Te leo en un recreo, mientras tomo mi café con leche a media tarde, en realidad casi de noche, pero todavía no me acostumbro a la idea de que el frío está cambiando el tiempo. En fin... no era esto lo que quería decirte, sino lo otro: me gustó mucho este post.